La nueva revolución

Asistimos, desde hace ya varios años, a una etapa revolucionaria en lo que a información se refiere. La rapidez, economía y concentración de actividades que puede realizarse a través de distintos dispositivos es abrumante. Ya no se trata solamente de la computadora; los dispositivos del tipo teléfonos inteligentes (smartphones) permiten algo más que realizar una llamada telefónica o agendar números y citas: podemos enviar y recibir correo electrónico, navegar por internet, recibir alertas de noticias e incluso participar de conversaciones virtuales o chatear.

Nuestros autos permiten la instalación de sistemas de mapas satelitales. Hasta nuestras cámaras fotográficas se pueden conectar a un satélite y registrar el lugar del planeta desde donde se realizó una toma fotográfica…

La tecnología de las comunicaciones acerca a las personas. No puede negarse que una correcta utilización de las herramientas telemáticas posibilita que muchas personas, distribuidas por todo el planeta, puedan conectarse e intercambiar información en pos de la satisfacción de necesidades diversas, desde científicas hasta de mera compañía.

En los últimos tiempos han proliferado aplicaciones que permiten la creación de “redes sociales” a través de Internet. Ejemplos de ellas son Facebook, Tagged, MySpace, entre otras. Lugares virtuales donde la gente se suscribe con su nombre y apellido y puede contactar a sus conocidos, buscar viejos amigos, compañeros de colegio o de trabajo, hacer conocer sus actividades y enterarse qué están haciendo aquellos que han aceptado su amistad internética.

La entrada a estos sistemas es gratuita. La salida, en cambio, no parece ser tan sencilla. Los datos quedan registrados aún luego de que el usuario se da de baja. Los datos que los usuarios ingresan son muchos y permite la creación de perfiles muy precisos con fines muy diversos a los que tuvo en mira el usuario al registrarse.

También por estos días mucho se habla de los floggers, chicos y chicas dedicados a construir su imagen a partir de un blog en Internet al que se van subiendo fotos, y que son visitados por otros usuarios. Cuanto más visiten su flog (apócope de photo-log), más popular será su dueño. Para ello se recurre a todo tipo de imágenes y de comentarios. Hasta ahí parece un juego inocente; pero ¿qué ocurre cuando las fotos de los menores empiezan a circular y son utilizadas para otros fines? ¿qué ocurre con la información que los jóvenes dan a conocer?

La utilización de estas redes sociales ha motivado ya que numerosas voces se hayan alzado advirtiendo los peligros que conlleva la difusión de datos personales en estos sistemas. Incluso la  30ª Conferencia Internacional de Autoridades de Protección de Datos y Privacidad dio una serie de recomendaciones a los usuarios, a las empresas y a los gobiernos para concientizar sobre qué tipos de datos incluir y cuales no.

Se trata de pensar y hacer pensar, de preguntarse si lo que se incluye es información pública y si no nos afectaría su difusión; si lo que hoy publicamos en una red social, en un photo-log o en un blog estamos dispuestos a sostenerlo dentro de un tiempo.

Una revolución es un cambio rápido y profundo; si hablamos de tiempos revolucionarios en información es porque podríamos definir un antes y un después que nos ha marcado a los habitantes de este planeta en materia de utilización de la información y de las herramientas telemáticas. Podemos contemplar hoy generaciones que no se imaginan cómo podía comunicarse la gente antes de que existieran los e-mails.

El conocimiento de la información y su control se ha convertido, paralelamente a estos avances, en un objetivo de dominación y manipulación, de manera tal que puede ocasionar conflictos y avances sobre las personas, sobre su intimidad y atacar su vida civil y comercial. La información ya es, en el sentido más amplio de la palabra, un arma, y su manipulación puede implicar consecuencias gravísimas.

Todos estos nuevos hechos justifican que, desde hace ya algún tiempo, vengamos cumpliendo con un objetivo que nos hemos propuesto cuando decidimos informar y proponer remedios adecuados y oportunos para que el avance científico -deseable y necesario- no se convierta en una herramienta que tenga en mira la manipulación de las personas y de su intimidad.

No se trata de limitar el conocimiento, sino de generar soluciones que permitan frenar la intromisión en la esfera personalísima y de evitar la manipulación indiscriminada de la información y su utilización con fines no queridos por su titular.

Los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires han puesto a cargo de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad el control de la ley 1845 de Protección de Datos Personales, reconociendo de esta forma a esta institución como un organismo confiable e independiente. En la Defensoría creamos el Centro de Protección de Datos con el claro objetivo de hacer cumplir la ley y difundir y concientizar a los vecinos de Buenos Aires en materia de protección de sus datos personales.

El camino a recorrer es muy largo, pero sabemos que no estamos solos en la tarea. Personas de todas partes del mundo recorren el mismo camino; algunos, como los colegas de la Agencia de Protección de Datos de Madrid, nos han brindado incluso su colaboración y han puesto a nuestra disposición su experiencia en la materia. La tarea es ardua, pero apasionante. Esperamos que muchos más se sumen.

Por la Dra. Alicia Pierini, Defensora del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires

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Acerca de Dirección de Protección de Datos Personales
La Defensoría del Pueblo, por ley 1845, ha sido designado órgano de control del asiento, uso y difusión de las bases de datos personales del sector público de la Ciudad de Buenos Aires garantizando el derecho al honor, la intimidad y la autodeterminación informativa. Con el objeto de cumplir con las funciones asignadas, la Defensoría del Pueblo ha creado el Centro de Protección de Datos Personales. Toda persona que presuma o tenga la certeza de que sus datos figuran en alguno de los bancos de datos personales puede ejercer su derecho de información, acceso, rectificación, actualización o supresión. Estamos en Piedras 574, 5º piso, C.A.B.A., teléfono 54-11-4338-4900, int. 7451 / 7452. Mail: cpdp@defensoria.org.ar, sitio web: www.cpdp.gov.ar

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