Cuando del #sexting se pasa a la pornografía infantil

Esta es una nota de ABC España, respecto a hechos ocurridos en Albacete. Pero la hemos modificado ya que contiene información que consideramos, desde el Centro de Protección de Datos Personales, que es bueno que se conozca, pero simultáneamente pensamos que replicar información que contiene o puede dirigir a pornografía infantil es colaborar con su difusión. Por lo tanto, los hashtags los hemos suprimidos. Entendemos que no podemos hacer desde este espacio, difusión de cualquier contenido que pueda, en definitiva, conectar con videos que consideramos pornografía infantil. Para quien quiera la información completa, al final, como siempre, incluimos el enlace a la nota original.

Tres hashtag (etiquetas) en la red social Twitter y miles de visitas, envíos y reenvíos han sembrado la preocupación. Cada una alude a un vídeo sexual de menores, grabado por alguno de sus protagonistas y difundido de forma masiva sin su consentimiento. El conocido como sexting (mensajes o fotografías sexuales que se comparten vía telefónica) ha abierto las puertas a un delito, la pornografía infantil, y a una banalización de estos contenidos al alcance de cualquier internauta a golpe de clic.

En un mes y medio se han desarrollado tres operaciones policiales para quitar de la circulación ese material y se ha detenido a 22 personas por distribuir pornografía infantil. Casi todos son menores y de ellos el mayor tenía 16 años; la más pequeña, que fue utilizada por otra adolescente, no ha cumplido aún cuatro años. El Grupo de Menores de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) del Cuerpo Nacional de Policía no da abasto en busca de estos vídeos que en unas horas se convierten en TT (Trending Topic) y sobre los que se crean auténticas cadenas humanas de discusión, opinión y, lo peor, escarnio público de quienes aparecen en ellos.

Una niña de tres años

El último vídeo de la saga es especialmente repugnante: catorce segundos de sexo doméstico en los que una adolescente de 13 años dirige a una pequeña de tres para que le toque los genitales mientras ella lo graba. La criatura, ajena a la aberración y a disgusto con el «juego», acaba pidiéndole que se ponga sus braguitas. La mayor envió la grabación a su «amigo» de 14 años, que ya contaba con una colección de fotografías de la adolescente desnuda y posando en su cuarto de baño. El contenido del vídeo repugna hasta el punto de que, a diferencia, de los dos anteriores retirados de las redes por la Policía, los internautas no lo compartieron. Crearon una etiqueta, hablaron de él, se posicionaron, criticaron a la adolescente que utilizó a la niña, pero no enlazaron el vídeo zarandeados por la imagen angelical de la criatura utilizada.

«Perdí el teléfono, me desapareció y alguien cogió las fotos», declaró la chica de 13 años (el jueves 30 cumplió 14) a la que Fiscalía y los Servicios Sociales tenían en el punto de mira desde hace un par de meses porque había dejado de asistir a clase. Está, además, en tratamiento. El vídeo era la última de sus hazañas: antes había enviado decenas de fotografías de ella desnuda en el baño a varios chicos con los que mantenía relaciones sexuales. El receptor más asiduo, su supuesto novio, de 14 años, fue quien compartió el vídeo con varios amigos con la aplicación Whatsapp. Uno lo subió luego a Youtube.

Los hechos ocurrieron en Albacete, España, hace dos semanas. La madre de la menor cuida a un anciano enfermo y ella le acompaña con asiduidad. Aprovechó una visita que hizo la sobrina del anciano con su niña de tres años a la casa para grabar las imágenes en un descuido de la madre de la pequeña. El mismo día que se subió el vídeo a Youtube, la Policía recibió numerosos avisos , tanto a través de la BIT como del twitter @policia. A la madre de la adolescente empezaron a bombardearla con llamadas; media ciudad reconoció a la protagonista. La mujer acudió a la comisaría y trató de exculpar a su hija. La Fiscalía de Menores intervino y ese mismo día desde la Brigada se alertó al protocolo de emergencias de Youtube y se retiró el vídeo, que no llegó a viralizarse, en parte por el reproche de los internautas.

«A la gente le daba asco. Se hablaba de él pero no se enlazaba», explica el oficial de la BIT Eduardo Casas. «Tenía la regla y la niña me estaba limpiando con unas toallitas, jugando…» Esa fue la explicación de la adolescente, arropada con mentiras y contradicciones, además de la pérdida y/o robo del móvil, una versión que la madre apoyó. No importa demasiado porque tenía 13 años y es inimputable, es decir, no responsable penalmente. Como mucho merecerá un reproche. Pese a la rápida reacción de los agentes, que lograron eliminar el vídeo y detuvieron a nueve menores (tres de ellos no cuentan porque no han cumplido 14 años) el material ha llegado a páginas camuflaje como Forocoches y otros cajones de sastre y lo que es peor: «Está ya en el circuito cerrado de los pederastas, un material valiosísimo y nuevo, carne fresca como ellos lo ven. Seguro que dará para otras operaciones. De hecho, ya hemos pasado el enlace a colegas de todo el mundo», señala Casas. Así es como un material tan sensible convierte a sus protagonistas en carne de cañón y los almacena en un baúl sin fondo en la red, que circulará durante años. «El sexting se inició como una práctica entre adultos. No es delito, salvo cuando alguien rompe la privacidad y lo distribuye sin consentimiento del otro. Pero cuando hay menores por medio, ya no es sexting sino pornografía infantil», aclara Casas. La posesión de pornografía infantil está penada con dos años de prisión y de cinco a nueve la distribución, agravado si el protagonista es menor de cuatro años, en España.

Delitos en cadena

El antecedente claro de los tres últimos hechos es la operación Camaleón, donde se produjo sexting y grooming. Las menores que le enviaban fotos al depredador creían que era su pareja, se hacía pasar por otras personas hasta acosarlas y aislarlas. En abril sucedieron dos casos muy similares: en uno, grabado en Cádiz, una menor realiza una felación a otro menor en presencia de un grupo mientras un chico le sujeta el pelo. Poco después, se repitió la escena en Mahón. En ambos se detuvo a quienes los habían distribuido. «Antes se señalaba a las chicas promiscuas sexualmente. Ahora el entorno aporta las pruebas, en forma de imágenes, y luego se utilizan en auténticas campañas de acoso en sus colegios o institutos. Es una secuencia peligrosísima, de la que ellos participan», desgrana Casas.

Fuente: ABC, España – enlace

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Acerca de Inés Tornabene
Inés Tornabene www.inestornabene.com

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