Relaciones especulares entre la ficción y la realidad

Por Eduardo Peduto. A lo largo de la historia de la humanidad han surgido pensadores, novelistas o científicos que se anticiparon en mucho a descubrimientos, innovaciones tecnológicas o cosmovisiones que tan sólo se producirían mucho después de que ellos las postularan. Me vienen a la memoria, haciendo la salvedad de que toda memoria es selectiva, algunos nombres: Aristarco de Samos (griego que allá por el 300 AC planteaba la redondez de la Tierra así como que ésta no era el centro del Universo sino tan sólo un aspecto); Leonardo da Vinci y sus máquinas voladoras o el telar mecánico; Julio Verne y su submarino; y, finalmente, George Orwell que allá por 1948 escribió su novela de ficción El último hombre de Europa que todos conocemos en realidad como 1984 (nombre que eligieron sus editores por razones comerciales y que resulta de la inversión del año en que fue escrito y en el que Orwell sitúa la acción). Orwell plantea la existencia de un Estado imaginario (cuya cabecera se sitúa en Londres) omnipotente y omnipresente que controla todos y cada uno de los pasos de los ciudadanos al punto que, inclusive en las calles y casas, hay dispositivos de vigilancia para conocer todos los actos de cada individuo (“telepantallas”).

Bien, estamos asistiendo a varios de los aspectos que “fantaseaba” Orwell en su novela. Ya las revelaciones que efectuara Julián Assange sobre documentos secretos de la diplomacia de los EEUU basándose en información que le proporcionara Bradley Manning (analista de inteligencia del Ejército de los EEUU) habían constituido un severo alerta sobre los métodos y procedimientos aplicados en varios países del orbe por dicha potencia.

En ese contexto, no resulta extraña la denuncia efectuada por el ciudadano estadounidense Edward Snowden de la existencia de un programa secreto conocido como PRISM, que permite a la Agencia Nacional de Seguridad de los EEUU ingresar directamente en los servidores de nueve de las mayores empresas de Internet estadounidenses, como Google, Facebook, Microsoft o Apple, para espiar contactos en el extranjero de sospechosos de terrorismo o interceptar y leer y ver los millones de correos electrónico, vídeos, chat de voz, fotos, direcciones IP, notificaciones de inicio de sesión, transferencia de archivos o detalles sobre perfiles en redes sociales que se producen diariamente en el mundo. Leer más de esta entrada