Intimidades públicas en Internet

intimidadpagina12La curiosidad no fue inventada por Internet. Hombres y mujeres siempre se interesaron por conocer la vida del prójimo, compararse, desentrañar sus secretos para buscar la clave de la felicidad, del amor o del dolor. Antes se espiaba por detrás de las persianas, ahora a través de las pantallas, pero, ¿podemos hablar de espiar, si aquello que se mira está publicado y a mano? ¿Cuál es el límite ahora entre lo público y lo privado? La posibilidad de conexión y difusión que brinda la tecnología sumada al empuje y a la exhibición característico de la época nos da la opción de espiar con permiso lo que antes quedaba reservado a la intimidad.

Cuando alguien revela algo de su subjetividad, siempre se expone: hacer ostensibles deseos y debilidades propias o el modo en que busca ser querido o considerado por el otro supone el riesgo de develar la vulnerabilidad o sufrir el dolor de un rechazo. Ahora, podríamos plantearnos qué sucede cuando esa exposición podría dejarlo a la vista de cientos potenciales ojos curiosos. La intimidad circulando por la web supone un ingrediente adicional a la exposición. Una intimidad colectiva parece una contradicción en sus términos. La realidad virtual en la que transcurre crea un territorio imaginario entre realidad y ficción, y el anonimato y la distancia pueden ser propicios tanto para el ocultamiento como para la confesión. ¿Ha cambiado el concepto de intimidad o sólo la forma de comunicación?

La intimidad no sólo es el refugio del amor, es también el escondite de miserias y goces; toda pareja, toda familia, todo sujeto guarda de miradas ajenas aquello de lo que goza y padece, y en lo que le resultaría vergonzoso ser descubierto: formas de satisfacción infantiles, sádicas o masoquistas, que siente que debe ocultar. Sin embargo, ahora la tentación de mostrar cómo se goza, mostrar escenas de la vida como si ésta fuera un “reality”, a veces rompe las barreras de la lógica conveniencia. Exhibir la intimidad pone en juego desde el deseo de mostrarse para ser reconocidos y amados hasta la oscura necesidad de ser castigados. Leer más de esta entrada

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